Nieve de verano
9, 09 de 2006-08-09 de 2006
A pesar de que apenas vi nevar unas pocas veces (puro clima oceánico de la costa gallega), no puedo evitar en estos días de agosto hacer una comparación con el crudo invierno, ése que, por lo visto, sólo una minoría prefiere mientras que el resto piensan en él como una de las épocas más tristes...
Estos días estoy pasando, como cada año, mi personal invierno: el desasosiego irriga mis venas y arterias a la vez que la ira y el odio me carcome por dentro. ¡No es posible!, es verano, no puede nevar y sin embargo, aquí en la provincia de Pontevedra al igual que en el resto de Galicia y gran parte de España y la Península Ibérica vemos como pequeños copos de nieve de verano de color grisaceo o negro cubren las calles y las playas. Las nubes no son ni blancas ni grises como las nubes de tormenta sino que se vuelven casi marrones y la luz que nos llega se vuelve de un amarillo-anaranjado al que por desgracia estoy acostumbrado.
La nieve de verano no se funde cuando sale el sol, no está hecha de agua cristalizada como en invierno. Es carbono, son cenizas.
Mientras tanto, Gaia se revuelve en su lecho de muerte viendo como una terrible enfermedad le provoca fiebre, prurito y eccemas en toda su piel mientras su sangre se corrompe y sus pulmones se colapsan. Está enferma del ser humano.
Estos días estoy pasando, como cada año, mi personal invierno: el desasosiego irriga mis venas y arterias a la vez que la ira y el odio me carcome por dentro. ¡No es posible!, es verano, no puede nevar y sin embargo, aquí en la provincia de Pontevedra al igual que en el resto de Galicia y gran parte de España y la Península Ibérica vemos como pequeños copos de nieve de verano de color grisaceo o negro cubren las calles y las playas. Las nubes no son ni blancas ni grises como las nubes de tormenta sino que se vuelven casi marrones y la luz que nos llega se vuelve de un amarillo-anaranjado al que por desgracia estoy acostumbrado.
La nieve de verano no se funde cuando sale el sol, no está hecha de agua cristalizada como en invierno. Es carbono, son cenizas.
Mientras tanto, Gaia se revuelve en su lecho de muerte viendo como una terrible enfermedad le provoca fiebre, prurito y eccemas en toda su piel mientras su sangre se corrompe y sus pulmones se colapsan. Está enferma del ser humano.